Fabula, la Ética de los minimos

Diego Antonio Guzmán Aguilar 
Mercadotecnia 2


 Diego y Damián 


Había una vez en una pequeña aldea llamada San Miguel, dos amigos llamados Diego y Damián. Diego era un joven humilde pero muy trabajador, mientras que Damián provenía de una familia adinerada y tenía todo lo que podía desear. A pesar de sus diferencias socioeconómicas, eran amigos desde la infancia y se apoyaban mutuamente en todo lo que hacían.
En San Miguel, las cosas no eran fáciles para la mayoría de las personas. La mayoría de la gente luchaba por sobrevivir día a día, y la corrupción era común en todos los niveles de la sociedad. A pesar de estas dificultades, Diego y Damián seguían manteniendo su ética y moral, y se esforzaban por vivir de acuerdo con los valores que sus padres les habían enseñado.
Un día, Diego y Damián se encontraron con un hombre que estaba siendo asaltado en la calle. Era un anciano pobre que estaba siendo atacado por un grupo de jóvenes delincuentes que querían robarle sus pocas pertenencias. Sin pensarlo dos veces, Diego y Damián corrieron en su ayuda y lograron espantar a los delincuentes y salvar al anciano. Lo llevaron a su casa y le brindaron ayuda y comida.
El anciano agradecido, les contó que en su juventud había sido un hombre rico, pero que había perdido todo por culpa de la corrupción y la avaricia de los demás. Él les habló sobre cómo la sociedad de San Miguel había cambiado y se había vuelto cada vez más egoísta y sin valores.
Diego y Damián escucharon atentamente las palabras del anciano y se dieron cuenta de que la ética y la moral estaban desapareciendo en su sociedad. Decidieron que debían hacer algo para cambiar la situación, y comenzaron a trabajar juntos para mejorar las cosas en su comunidad.
Primero, Diego y Damián comenzaron a organizar eventos comunitarios y actividades para jóvenes que promovieran valores como la honestidad, la solidaridad y el respeto. También establecieron una pequeña tienda donde vendían productos hechos por los artesanos locales, ayudándoles a obtener un ingreso justo por su trabajo.
Pero su trabajo no fue fácil. Diego y Damián enfrentaron muchos obstáculos, incluyendo la oposición de los líderes corruptos de la aldea, que temían perder su poder si la gente comenzaba a actuar con ética y moral.
A pesar de estos obstáculos, Diego y Damián continuaron luchando por sus valores. Un día, el anciano que habían ayudado en la calle regresó a su tienda y les agradeció por haberle brindado esperanza en un mundo que parecía cada vez más desesperado. Él les dijo que había visto en ellos a dos jóvenes con valores y ética, y que eran la esperanza para un futuro mejor.

A medida que su trabajo se extendió por toda la aldea, más personas se unieron a ellos y comenzaron a trabajar juntos por un futuro mejor. Diego y Damián se dieron cuenta de que vivir la ética entre los mínimos no era suficiente, y que debían luchar por un nivel más alto de comportamiento ético en su sociedad.

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